Trabajar el modo de levantarme de la cama
y seguir sonriendo
cuando la hierba sigue seca.
desconsolada
porque nadie roza sus manos.
Los desiertos se apoderan
de los silencios provocados
por las dudas,
por los nervios,
aunque venga Quevedo a consolarme
cuando las pesadillas acechan,
oscuras,
mentirosas.
Cuando el pañuelo se tiñe de rabia
los versos se magnifican,
los odios se relajan,
pero al día siguiente
las miserias siguen cegando el horizonte
con sus pupilas vacías
y sus uñas descarnadas.
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