En la noche serena que se inclina,
cuando el hielo dibuja en la ventana
flores de cristal que nadie planta,
y el viento susurra una cantilena; se enciende en el hogar la luz más fina,
la llama que no quema, sino abraza,
y en su danza de oro se deshaza
la sombra que el año nos encamina.
Allí, junto al belén de musgo y arcilla,
donde el Niño sonríe con ternura,
se juntan las manos que la vida cura
y el tiempo se detiene en su pupila.
Es Navidad: perfume de leña y canela,
risas que repican como campanas,
el beso que no pide, el que se da en las almas
y calienta los huesos como estrella.
Amor que no se dice, sino se hace
en cada plato lleno, en cada abrazo,
en la copa que brindis sin fracaso
y en la mesa que nunca se deshace.
Que esta noche te envuelva su manto
de paz y de recuerdos que no mueren,
que el corazón, al fin, se le llenen
de luz, de esperanza y de canto.