A todas esas niñas y a todos esos niños que tienen que huir de su casa, de su tierra, de su patria porque les niegan lo que por derecho les corresponde; amor, paz y dignidad, amén de la miseria y escasez de los productos básicos para sobrevivir.
A todos los que se han quedado en el camino, a los que el único arrullo que han sentido en sus cortas vidas, ha sido el de las olas del mar acompañando sus muertes; de ese mar tan nuestro como tan de ellos.
A todos los que consiguieron huir con la esperanza de encontrar al otro lado lo que por derecho les corresponde; amor, paz y dignidad; nunca miedo, rechazo y odio. Porque ¿qué horror debe estar pasando un niño para huir de su casa y arrojarse al mar? ¿os imagináis a vuestro hijo, a vuestra nieta haciendo algo así?
Tomando prestada y modificando la famosa canción de Serrat, “Nací en el Mediterráneo”
Morí en el Mediterráneo
Será porque en mi niñez
nunca jugué entre la arena,
escapaba del castigo
escondida en callejuelas
sin hogar y sin colegio
huí de lenguas violentas.
Acurrucada y con miedo
dormí bajo las estrellas,
mi mejor amigo el frío
la soledad por trinchera,
faltaban labios y brazos
para la niña pequeña.
Arrinconada por todos
iba cumpliendo condenas
con gritos, golpes e insultos
las horas eran eternas.
El hambre marcó mi cuerpo
y la miseria era extrema.
Con el alma limpia y clara
a mis ojos se les niega
un beso de madrugada
o una caricia secreta
Entre penuria y dolores
quise romper las fronteras.
Me lancé sin miedo al agua
y justo al pasar la cerca
no pude cruzar la raya.
Al levantar mi cabeza
se oscureció mi mirada
y me atrapó la marea.
Entregué mi cuerpo al mar
y mi espíritu a la tierra.
Porque yo… morí en el Mediterráneo.
