Sombras espesas, sin fuerzas, agarrarán mi cuello;
lo retorcerán hasta que rompa el silencio con su crujido.
Los chopos serán testigos de un episodio inaudito:
crónica de una muerte anunciada en el Sobrepuerto.
Ezis es reina de mi miseria; Pento se prepara para el luto.
Montón de ruinas y escombros en lo que fue mi casa.
Las fotografías se tiñen de color azufre.
Nadie me esperará en esa vacía noche
más que el aullido de la perra, que no dejará de llorar.
Nix, me reuniré contigo en la Laguna Estigia.
Soledad inmensa y tenebrosa.
A veces me deslizo entre sus finos hilos;
hilvano mi eterna condena
y me quedo desnudo.
¿Qué tendrán preparado para mí las Moiras?
La inquietud envuelve esta noche.
El frío se vuelve abrigo; el destierro, mortaja.
Quizá queda sitio en el sepulcro
donde habitó un hombre al que rasgaron sus vestiduras.
Es una pieza cargada de un existencialismo puro y una estética gótica/rural muy lograda. Has conseguido que la soledad no parezca solo un sentimiento, sino un lugar físico donde uno puede quedarse “desnudo” frente al destino.
Antes la soledad nos quedamos desnudos, vacíos, con la inquietud del qué vendrá con miles de dudas que nos impiden avanzar. Muy profundo y bello poema. Saludos cordiales.
En efecto, es siempre esa sensación de qué vendrá después, que quizá es peor que lo que estamos viviendo ahora mismo… gracias por tu comentario, saludos.