Mi ventana

En la vieja casa donde vivo hay una ventana a la que le tengo un cariño muy especial. Desde ella veo el ocaso del día que he vivido y cómo no, también la de un nuevo amanecer. Sentado junto a esta ventana medito todos los días y me doy cuenta que mi vida ha sido como un sueño, en ocasiones placentero y en otras no tanto. Sin embargo, doy gracias a una vida en la que he superado algunas cosas, como son: el miedo a la muerte, al odio o a la venganza. He de agradecer este pequeño esfuerzo a una tierra muy hermosa, como lo ha sido y es Guatemala. Sí, recibí de éste país y de ello hace más de cincuenta años, las más grandes de las lecciones, las cuales me han servido para encauzar el resto de mi vida, viviendo con sencillez, con aplomo, sin prisas y procurando entender el porqué muchos a mi no me entienden. También fue en Guatemala dónde descubrí el afecto verdadero. El afecto se puede encontrar en cualquier lugar y yo lo encontré en medio de una guerra civil. Mis amigos muy despacito, se fueron a la Luz del Ser, no obstante, yo día a día, les escribo cartas que luego quemo y espero que el humo llegue hasta las puertas del cielo.

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Es un texto de memoria y gratitud con tono sereno y maduro. La ventana funciona como símbolo: desde ahí se mira el pasado y el presente, y se convierte en lugar de meditación. Lo más fuerte es el contraste entre la violencia de la guerra civil y el descubrimiento del afecto verdadero en medio de ella. El ritual de escribir cartas y quemarlas cierra con una imagen íntima y dolorosa: una forma de seguir hablando con los que ya no están, confiando en que el humo lleve el mensaje.

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Gracias Edgart por tu acertada opinión. Un abrazo.

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Desde la ventana se observa la vida que pasa y van quedando los recuerdos. Felicidades :clap: :clap: :clap:

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Gracias Sinmi. Sí, los recuerdos quedan. Un beso.