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Es un texto de memoria y gratitud con tono sereno y maduro. La ventana funciona como símbolo: desde ahí se mira el pasado y el presente, y se convierte en lugar de meditación. Lo más fuerte es el contraste entre la violencia de la guerra civil y el descubrimiento del afecto verdadero en medio de ella. El ritual de escribir cartas y quemarlas cierra con una imagen íntima y dolorosa: una forma de seguir hablando con los que ya no están, confiando en que el humo lleve el mensaje.
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Gracias Edgart por tu acertada opinión. Un abrazo.
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Desde la ventana se observa la vida que pasa y van quedando los recuerdos. Felicidades
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Gracias Sinmi. Sí, los recuerdos quedan. Un beso.