Mi padre tenía todos los soles

Maquinista Mute.

Déjame respirar los ruidos de la gente,

recordar esos días largos del sueño,

donde la noche robaba

el tiempo del miedo.

Ha pasado la fuerza del silencio, sanándote,

golpeando los pedazos del viento,

arrancando la hierba que crece

con tanta lluvia y sol.

Ahí van los jardineros felices,

podando recuerdos,

recogiendo lo verde que sobra

a la vida y al consuelo de existir.

Estoy entusiasmado de tanta lluvia,

como si la esperanza dependiera

de que las golondrinas hicieran esquina

y un nido en el vacío de tus ojos fuertes.

Mi padre tenía todos los soles;

su vida era una maravillosa narración

de palabras con piel

y abrazos de mamá gallina.

Hoy ya no me sobra aire,

tampoco tierra, ni frío, ni madre.

Hoy ya me duermo sentado

en un sillón reclinable, esperando la madrugada,

hasta que despierte de su noche pasada.

Madre,

todavía te tengo,

abrigando tu tierra,

esperando a tus hijos

y al cielo que reparte secuestros.

Déjame vivir

con la morada viviendo en una mirada,

sin precauciones de un abismo

que se cierra de hambre.

El tiempo ha sido robado,

el miedo de los soles

ha de vivir,

aunque no estemos listos.

Nunca estaremos listos;

solo el amanecer de la esperanza anaranjada

tMi padre tenía todos los soles”

endrá el temple de darnos un beso.

Maquinista Mute.

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