Mi huerto

En verano son muy gratos los momentos que paso en el pequeño huerto que tengo detrás de mi vieja casona. Hay un árbol de avanzada edad, que con su sombra me cobija de los rigores solares. En ocasiones dormito bajo él y al despertar me encuentro abrigado por hojas desprendidas de sus retorcidas ramas. Le acompaño muchos atardeceres y juntos miramos los días en su ocaso. Hay puestas de sol en las que el cielo queda pintado de un dulce color rosado y es el momento que algunos pajarillos retornan a los nidos que entrelazaron en sus enramados brazos. Es en estos momentos cuando siento vibrar mi alma y en un pedazo de papel quiero inmortalizar lo que siento, sean locuras de amor, poesías o versos.

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Es un texto que respira paz. No hay trama, hay refugio.

El huerto, el árbol viejo, las hojas que te abrigan: todo es cuidado. No dormitas bajo el árbol, dormitas con él. Son dos soledades que se acompañan mirando el ocaso.

Lo más bello es ese instante rosa del cielo y los pájaros volviendo a casa. Ahí tu alma vibra y la mano busca papel. No escribes para que te lean. Escribes para que el momento no muera.

Hay gratitud ahí. Y una melancolía dulce: inmortalizar lo que se va porque sabes que se va.

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Gracias Edgart por tus interesantes respuestas. Un abrazo.

Es hermoso cómo humanizas ese árbol y lo conviertes en compañero de vida. Me ha encantado esa sensibilidad para ‘inmortalizar’ el instante. ¡Enhorabuena!

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Que lindo leerle. Con mucho color.
Un gran saludo.

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Gracias Fernando: Dormir bajo este árbol es un sueño. Un abrazo.

Gracias por leerme compañero. Un abrazo.

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