El viejo poblado arabe
allá arriba en la sierra
donde hubo sueños y algarabia
resiste con sus muros
sepultados por el tiempo.
Dominando el valle
fértil como su vientre cobrizo
la acequia ronroneaba
bajo la magnética melodía
de la zurna y el crótalo.
Las flores del melocotonero
fantaseaban con tejer un manto
y así no pasar frío
las noches que iba a buscarla
por esas calles ceñidas y confusas.
Emergían de las ventanas
aromas a té y kunafa
al fondo el alminar
avizoraba mis pecados.
Todavía visito sus ruinas
escarbó entre los restos
en busca de mis genes
en busca de su cuerpo.
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Hay mucho duende en este poema de ancestros y amores antiguos. Y ese sabor viejo de callejuelas estrechas y aromas de infusiones me transportó hasta el lugar.
Saludos @Josele
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Muchas gracias. Me agrada mucho provocar esa sensación.
Muy nostálgico y no sólo de hermosos sentimientos hacia el ser amado sino que abarca a todo lo que rodeaba aquellos bellos momentos, una mirada de amor a su entorno, poeta!!!
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Muchas gracias. Historia que nos rodeó, que nos ha moldeado.