Maria
Entre las cosas que más quiero
-más que la vida-, está ahora tu recuerdo.
Revoltijo de fatiga que me quita el sueño
al ver tu carita pequeña envuelta en el velo
metida en la caja y despeinado tu pelo.
Esos ojicos negros ya no miran.
Esas manos ya no me hacen la comida.
Qué hacer, con tu número de teléfono!
Pasaré por tu casa en la calle de la lágrima
y del corazón herido.
Quién va a escuchar mis tonterías?
A quién voy a querer yo ahora?
Lloran mis manos sobre el teclado
llora el salón, y llora el lavabo
lloran las olas del Mediterráneo.
Lloro yo, -que no lloro nunca-
hasta este rato.