Marcharse

Marcharse

Para irse de ti no se necesita una llave,
sólo ese momento en que el recuerdo de tu nombre
deja de ser un eco en los pasillos de la memoria
y se convierte en polvo que el tiempo dispersa.

Irse de ti es descubrir que tu mirada
ya no es el espejo donde quería reconocerme,
sino un paisaje que contemplo desde lejos,
con la misma curiosidad con que se mira
una calle que nunca fue la nuestra.

Y sin embargo, irse no es partir del todo.
Es habitar esa región incierta donde tu ausencia
tiene la textura de tu presencia,
como el perfume que queda en una habitación vacía.

Irse es aprender a estar en otra parte
llevándote conmigo sin saberlo,
como la luz viaja dentro de la noche
o el eco permanece en el silencio.

Y al final, marcharse es solo comprender
que hay amores que no terminan,
sino que aprenden a existir en la distancia,
como la lluvia que cae sobre el mar
y nunca sabe si fue agua o fue ola.

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Me encantan los finales potentes, Marcharse… lo tiene.

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