Mamá, ayer estuvimos hablando y como todos los días al despedirnos me diste un beso y dijiste hasta mañana, más, muy lentamente y de puntillas, sin hacer ruido alguno, como para no asustarme, te fuiste a la viña del Señor. Sé que estás acompañada de papá que se fue en un lejano ayer y también de los abuelos, pero me duele el hondo frío que siento con tu lejanía. Sí, siento mucho frío y miedo y desamparo, fueron muchas las ocasiones que cogiste mi mano y condujiste mi caminar. Ya sé que seguirás a mi lado y que te veré con los ojos del alma, pero a ti no te puedo engañar, preferiría seguir viéndote con los ojos de mi faz. También sé que tu marcha es sólo un hasta luego y que cuando llegue mi mañana me esperarás con los brazos abiertos a las puertas de La Luz. Un beso mamá, hasta mañana.
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