(Episodio 2) LAS ÚLTIMAS NOTAS DE LOS CAÍDOS
Acto I: Los romances del viejo mundo
En un mundo ajeno te sentí,
rodeado de insultos y muerte;
vida te esperaba, decías.
Quedé atrapado unos miles de años,
guardando rencor por ti,
camino cubierto de sal
que amargaba mis penas.
Herida causaste,
con llanto me curaste
y, de alguna forma interesante,
algo en mí provocaste.
Espera aquí,
espérame unos siglos más,
a la espera de la próxima primavera.
Retorné tiempo después;
te aprecié aún sentada,
aún sonriendo;
calmada,
guardando un “te amo” para mí.
El atardecer llegó,
como fuerte nostalgia;
los pétalos volvieron a florecer,
el rosado vi en tu rostro.
Confundido estoy, pero daba igual.
Parte de mí morirá hoy;
partes, partiendo de mí alma,
se repartirán por el inmenso universo.
Tranquila, así nunca estarás sola,
así podré amarte muchos siglos más,
así la muerte nunca nos separará.
Hoy bailabas al ritmo de la sinfonía;
tus pasos eran aleteo de mariposa,
tu presencia, perfume encantador,
y esa hermosa mirada… un privilegio para los más nobles.
Era muy tarde para irme sin ti;
faltaban horas para seguir apreciándote.
Fue entonces cuando me dijiste
que los romances de este viejo mundo
mueren para siempre,
o viven una eternidad para odiarse.
Por un instante te ignoré.
Tu partida no era mi plan,
tu amor eterno era consuelo.
Me fui por algunos inviernos de este mundo;
volví para el verano con miles de regalos.
Uno puede volver a nacer,
si la oportunidad se le da.
Cuando morí no te imaginé llorar.
Tanto amor nos regalábamos…
La muerte no sería obstáculo.
Te extraño entre los muertos,
entre cada silencio abandonado.
Padre decía que estos ríos me conducirían a otra vida,
pero no lo quiero.
Si no puedo estar más contigo,
la vida pierde su sentido.
No desprecio lo bueno que hay,
sino el hecho de no poder verte
al menos una última vez.