Lo cercano

No podrás detener

ningún misil,

ni torcer el pulso

del precio del combustible

cuando amanezca.

Ese ruido del mundo

no habita

en tu mano.

Apaga la televisión.

Haz callar la radio.

Deja que la furia del mundo

truene

muy lejos de tu mesa.

Vuelve.

Vuelve

a lo que respira

a un palmo de ti.

A la caricia

que aún debes.

Al beso

que se quedó temblando

en la orilla

de tus labios.

Al perdón

que aguarda, silencioso,

como una pequeña luz

encendida

en tu pecho.

Quédate ahí.

En lo cercano.

En lo que late.

Y que el resto del mundo,

si insiste en arder,

arda.

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