Lluvia

Antes de salir el sol, María —llamada por los habladores, Lluvia por los cercanos— ya está cortando leña y atizando el fogón. Sus manos saben dar vida: «La semilla se pudre, como el cadáver, para después nacer», dice ella mientras clava las uñas en la tierra. Me gusta ver la media luna marrón que se le hace en las manos luego de trabajar.

De la montaña bajan hombres a buscarla. Dicen ellos que, cuando Lluvia camina, es la tierra misma quien pide permiso para tocar sus pies. Y cómo no, ella aprendió el oficio de hacer parir el suelo, de escuchar el agua en la distancia y poner la ropa a secar fuera como rogativa en tiempos secos.

Una vez, tan sencilla y espontánea, me dijo en una conversación: «Esa mujer está tan acostumbrada a los maltratos, que las caricias le hacen daño». Ni se dio cuenta que resumió décadas de conflicto en una oración.

Para ti estos pensamientos, Lluvia, esperando que lleguen a tu rincón en el alto cielo de nuestro Dulima, donde haces nacer nubes y plantas.

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Hermosa, como una leyenda atávica y ancestral, apegada a la tierra…

Precioso remate! :sweat_drops:.

Me alegra verte por aquí de nuevo! Un abrazo! :hugs:

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Buen final
Un abrazo

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