Llueve en las calles, llueven los sueños, los pocos cumplidos y también las gotas tristes que el cielo llora por aquellos que no se cristalizaron. El ocaso sufre contemplando las avenidas vacías, pobladas apenas por sus estoicos y secos árboles. Las luces de la noche empiezan a emerger y desde la ventana de un café, tan solo se observa el lento transitar de la soledad.
Un marchito árbol
sollozando en la calle.
Café en la mesa.
Maravilloso Haibun: el haiku final es una instantánea poética que concentra en tres versos el sentido del conjunto. La primera línea introduce la decadencia; la segunda otorga al árbol un sentimiento humano que reverbera la tristeza del inicio; la tercera devuelve la mirada al observador solitario. Abrazos.
Alejandro, qué belleza de atmósfera lograste: melancolía limpia, imágenes precisas y cierra como un latido. Gracias por recordarnos que hasta la tristeza bien escrita ilumina. Enhorabuena.