Somos partículas entrelazadas,
vibrando en la misma frecuencia pura;
la gravedad y la metafísica,
sutil arquitectura,
que ignora la distancia y el momento.
La raíz del roble sabe de mi historia,
la luna conoce mi silencio,
el río canta el cuento repetido,
en mundos paralelos que hemos vivido
guardando intacta la memoria.
Cómplices bajo el mismo cielo estelar,
la tierra y el cosmos se vuelven un nido,
donde todo lo que estuvo perdido
se vuelve, en un latido, a conectar.
Si el viento agita las hojas de aquí,
tu bosque también tiembla.
Siento de cerca la complicidad del cosmos,
la complejidad del amor
y el lazo cuántico
que nos vuelve a juntar al soñar.