Son las horas que vuelven, los latidos
desnudos de un susurro de tu entraña
dulce, tierna, cantando esos perdidos
instantes de azulada luz extraña
donde quiebras tu carne, tus sentidos
en mi caliente costa y desentraña
el beso las palomas de encendidos
temblores a la muerte y su guadaña.
Tus senos arden, llamas de dulzura,
en mis manos sangrantes, contenidas
en tu trenza tan tersa y tan oscura.
Va sonando una estrella, derretidas
las noches en tu carne y tu ternura,
huyendo hasta estas frías despedidas.