Las flores crecieron sin mí

Qué lindo era correr por el campo florido,
con los pies descalzos bajo el cielo encendido.
La hierba mojada cantaba bajo mi piel,
y el viento abrazaba mi inocencia de papel.

Las flores crecían conmigo al amanecer,
sin miedo a la vida, sin miedo a crecer.
Mi risa era libre, ligera como el río,
y el mundo parecía un lugar menos frío.

Pero el tiempo llegó silencioso y cruel,
dejando tristeza donde antes hubo miel.
Las flores siguieron creciendo sin mí,
mientras algo en mi alma se rompía allí.

Hoy llevo un cuerpo que aprendió a callar,
pero dentro una niña no deja de llorar.
Y aunque finja sonrisas para sobrevivir,
hay una parte de mí que no logró salir.

Cómo extraño correr sin pensar en el dolor,
mirar el atardecer sin miedo ni temor.
Porque crecer tan deprisa me hizo comprender
que hay infancias tan tristes que no saben volver.

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