La tarde eclipsada
(Dos sonetos)
Soneto I
Aún la tarde la campiña amaba,
cuando una prisa oscura y de repente,
robó la luz al suelo de occidente
mientras el astro guía se apagaba.
La luna presurosa ya avanzaba,
antepuesta ante el aro soberano;
quiso el imperio hurtarle de su mano
al rey que con su fuego gobernaba.
Corona ardiente que los ojos hiere,
si no llevas el lente protector,
en esta mininoche que no muere.
El astrónomo escruta con amor,
mientras la humanidad mirando espera
la huella eterna de la luz viajera.
Soneto II
Se hizo noche sin terminar la tarde,
mágica sombra de pasar violento,
la península frena el movimiento
viendo aquel anillo que en el cielo arde.
Sube el ave de patio sorprendida
a las ramas buscando su reposo,
ante el eclipse oculto y majestuoso
que deja la llanura oscurecida.
Las multitudes son la viva lente,
un telescopio de almas derramadas,
viendo al sol devorado libremente.
Son las miradas hoy encadenadas
a este eclipse de sol, magno destello,
que en la memoria quedará por bello.
España

12 de agosto de 2026