Las campanas enmudecen y las rosas pierden su color. Tristeza en tus ojos, virgen; perdiste a uno de tus hijos.
Aquella sangre derramada…El cordero se pregunta:¿Sirvió aquella muerte inmaculada?Me miras a los ojos, fúnebre.
No estoy en busca de consuelo, solo miro las estrellas. Está claro: no iré al cielo.
Por segunda vez has muerto, papá.
Moriré y no habrá retorno ¡Extraña existencia insondable!No beberé del cáliz ni comeré de ese horno. Viviré, y con ello, seré feliz.