Un poeta —Charles Baudelaire— dijo que la poesía era como una maldición. Y es cierto, lo he comprobado en la carne.
Últimamente no he podido dormir, y en esos ratos de insomnio, mientras los demás roncan en sus mullidas camas, yo, como una estalagmitada vela de chorreadas, escribo cosas:
Asomado a la ventana, veo como el conticinio apelmaza el silencio, vistiéndolo de calma.
Como una sigilosa llovizna tirita el sueño de las aminoradas cosas.
Y como unas ráfagas de brisa citareda, juega a lirear en arpa, los enlutados follajes de verdinegra sombra al atravesar los almacigados pinos que, junto a otras especies dispares, se empeñan en tejer bosquecillos de franjas.
Sí, la poesía también es… la contemplación de la belleza muda, anónima y sin nombre, que se “efimëra” danzante, al pavonearse en la calle e ilusa cree que nadie la ve.
Poesía es mirar por el nítido de una ventana y sorprenderte como un niño párvulo ante la cotidianidad, ese peso inherente a la rutina, cuando logras verla sólo como una cosa nueva y flamante.
Escribo, básicamente porque hay algo que me obliga a ello y no me deja dormir.
A ese tipo de maldición —quizás— se refería Charles Baudelaire.-
Chane García.
@ ChaneGarcia.
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