La muerte encontró su rostro en el mío

Título completo: “Nihil, la vida de un enfermo con enfermedades heredadas de la nada: La muerte encontró su rostro en el mío”

Somnolientos amaños de muerte eterna
acechan cual buitre el maniquí roto de un alma muerta,
soy para los cuervos su leche materna,
y mientras siga vivo -mejor dicho: mientras aún conserve el instinto-, tendrán mana infinito.

Suplo hasta la glotonería de alimento a la muerte,
mientras el automatismo intrínseco en mi respirar engañe a la vida
seré para ella sustento perenne.

La plaga del entendimiento germinó en mi consciencia cual plaga, semilla maldita,
la muerte se apropió de mí, fui su puta favorita
hasta darnos cuenta que no éramos dos almas distintas,
teníamos la misma esencia y sustancia cripta:
Éramos la misma cosa, misma línea sanguínea.

Fui espejo para la Muerte y compañía para su hijo,
la Muerte encontró su rostro en el mío.
La Parca solitaria que condena todo cuanto mira,
encontró en mí compañía;
fui su anomalía, su excepción a la regla viva,
fue capaz de mirarme, y seguir viéndome el siguiente día,
desde entonces camina a la par mía.

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En tu relato, es como si la muerte se enamorara, y caminara viva contigo.

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