Quiero leerte…
beberme la lluvia amarilla del tiempo,
aspirar el silencio gélido en las alturas
y en mis manos…la nieve.
Adentrarme en casas vacías…
desierto poblado de cenizas grises
y un fuego que no arde.
Quiero leerte…
en el polvo del olvido
sobre hojas amarillas,
y extender tu manto de ausencias
en la luz de un ocaso cobrizo
…y un susurro de viento.
Y te nombro, Ainielle,
muda, deshabitada…
con el eco de paredes huecas
y en la noche helada, sin luna,
suspiros de escarcha.
… (Musgos y líquenes van borrando los recuerdos… de lo que queda por decir).
…
“A veces, uno cree que todo lo ha olvidado, que el óxido y el polvo de los años han destruido ya completamente lo que, a su voracidad, un día confiamos. Pero basta un sonido, un olor, un tacto repentino e inesperado, para que, de repente, el aluvión del tiempo caiga sin compasión sobre nosotros y la memoria se ilumine con el brillo y la rabia de un relámpago. Aquella noche, además, el recuerdo estaba aún en carne viva”.
(Julio Llamazares)
…
Una novela inspirada en la soledad y el olvido de Ainielle, un pueblecito de los Pirineos en la “España vaciada” en el que sobrevive un sólo habitante.
Narrada en prosa poética de un fuerte lirismo y belleza, que me enamoró y llegó directo a mi corazón…la he releído muchas veces.
Ahí me has dado directo al corazón, es una obra que leí siendo un imberbe…
la he vuelto a leer no se cuantas veces con el paso de los años y aún más dada mi profesión …sin más inri este libro merece un gran debate y percepción de sus lectores…está escrita desde la genialidad de su autor, un tema que a día de hoy está más magnificado…uff pues eso me ha encantado tu poema y me vuelvo a repetir ahí me has dado…con tu referencia a la lluvia amarilla…
Estoy contigo, también es un libro esencial para mí…
Yo lo recomendé a algunos amigos y sólo lo resumieron en que era “muy triste” y no les había gustado…no supieron ver “la vida” que llevaba dentro.
Muchas gracias por tu opinión, me alegra mucho! Abrazos fuertes, Kris!
Qué sentida referencia has escrito, María. Y evoca ese silencio y esa calma de espíritu que a veces añoramos. No digo que me iría a vivir a Ainielle, pero un tiempo allí no me vendría mal