En el descarnado asfalto brotan violetas del ayer,
yo que creí haber solo sembrado días malos,
esos que se mecen en fanática longevidad,
el abandono acompañado que crece,
se reproduce desheredado,
hasta que en puro paroxismo fenece
en efervescentes gotas de belleza.
Adolezco del gris de las oropéndolas,
me quedo con el carmesí de los cardos,
un disparo para derrumbar toda esperanza,
para reconstruir la carencia toda una era,
apaciguar el pomposo rubor de los prados,
me quedo con las fugaces alas de la tristeza.