La estación de las lluvias

En mitad de mi sendero hay un viejo depósito que pertenece a unos vecinos. Después de la inundación, quedó abierto de par en par y la lenta disecación jamás borró los rastros del agua. No hubo comentarios, nadie se lamentó.

En lo personal, este percance me invitó a esquivar esa catedral de despojos y cambiar la ruta de mi caminata ritual de las mañanas.

Es un hallazgo advertir que ese peso de materia empapada y fungosa la llevamos adentro con un respeto inmerecido.

Quizás llegó la hora de desasirse - o haya llegado hace mucho tiempo ya. Quizás los excesos de materia nos pasó inadvertido porque los dioses de la repetición nos abrazaban y por qué no seguir con los gestos de siempre.

Ahora, libres de esa carga innecesaria podemos detenernos frente a un claro en el bosque inmediato y respirar, oler, convivir con el sol y con las sombras.

5 Me gusta

Bienvenida, @edith .

Bellas imágenes que describes. El final suena alentador y liberador.

Un abrazo. :slightly_smiling_face:

1 me gusta

Gracias por tu lectura, Aurora. No quiero “pintar de rosa el mundo” con mi poesía pero sí reflexionar sobre la totalidad de la existencia. Claro que cabe en ella cierta libertad interior al ir mas ligeras de equipaje.

1 me gusta