Una casa azul se recorta
en la silueta de la luna.
En un prado marino
unos ciervos comen algas rojas
El día que inicie el viaje sabía
que estaba destinado a fracasar
porque en la piel de la piedra estaban
escritos los tatuajes del tiempo y,
no eran propicios.
Hay dos torres, siempre dos,
una blanca, la otra negra.
Una detiene y encarcela,
la otra no deja de otear, y libera.
Son como los vuelos de los pájaros
por el escarchado cielo,
como la tierra movediza del juego
de la oca.
Es un camino, por el sinsentido del enigma,
por una inmensidad por explorar. Por donde
camina un niño llevando a un hombre de la mano.
Duerme en los ojos de una tortuga
el viaje de un sueño y una pregunta:
¿Qué es lo que obliga al niño a caminar?
El relieve de la sombra guarda:
la sutileza de la serpiente,
la astucia del tiempo, su seductor aguijón.
En el niño la mirada era un secreto,
de mar … y el niño sentía qué,
estaban anegados de eternidad.
Lo que luego vio el hombre fue:
un peine roto,
un zapato viejo y una foto.
Se separaron en las colinas,
uno caminaba lento,
el otro corría desbocado.
Uno no quería despertar,
el otro no podía dejar de hacerlo.
Uno jugar con los ciervos,
el otro abandonar la casa azul.