La cama respira,
su pulso
lento
me doblega.
Me retuerzo,
el poliéster
oprime
mí pecho.
Los ruidos
de la calle
se intensifican,
mi voz
murmura
un grito lejano
ininteligible.
Al alba,
respiró,
vistiendo
su frío
entumecedor.
Los parpados
colapsan.
Me entrego,
cautivado
por su cobijo.
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Maravilloso!: tambien Jaime Sabines escribió un poema a la cama:
«¡Qué bueno que pusieron la cama entre mi cuerpo y la tierra!
Estoy seguro de que si durmiera en el suelo me hundiría y me hundiría quién sabe cuántos metros.
Para andar sobre la tierra hay que estar alerta, bien despierto»
Aplausos

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Bello poema gracias por compartirlo, desconocía su existencia.
Saludos 
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¡Enhorabuena por esta obra tan visceral y profunda!
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