Una costa de frío tiritante
regada a fuerzas por la simiente gis
de las crestas perlas en la arena gris,
heraldo de una ola pescada en el vaivén constante
que tenía preso tu navío errante
a las escarpadas piedras de mi espalda anhelante
buscando en horizonte tu calor amante
Parece que al final tomaste el camino de los sabios
Y arrancaste con furia las pesadas amarras.
Tu adiós rompió contra la unión de tus labios.
Y a mi susurro azul lo acallaron las guitarras
que rasgaban unos marinos con resabios
heredados de las ociosas cigarras
que cantaban con susurros vacilantes
cien leyendas de mil mares exhuberantes
hacia cuyas playas de incerteza te marchaste
Quiera el mar traerte de nuevo
Quieran las tormentas de tu lado apartarse
Quiera el sol las velas secarte
Y quiera la brújula el norte mostrarte
Hacia unos versos en lienzo anotados
A un lienzo con prisa enrollado
A un rollo por cristal resguardado
A esta costa de polvo traspuesta
A este poema sin respuesta