Invierno y soledad

Las invernales noches, oscuras, lluviosas y frías, envuelven con tristeza el alma en abandonada soledad, y mis escritos de otros tiempos ruedan por los suelos como ramas rotas por el vendaval. Los árboles ya desnudos verán a sus pies las últimas hojas caídas y un silbante viento, sin piedad, las empuja a un desconocido lugar. El poeta llora al observar el manto helado que cubre la arboleda con fantasmal apariencia y como no, también su alma. Como frágil caña mi vida se quiebra y la historia de ella es sólo una huella. Entonces para distraer el dolor de mi jornada, voy leyendo en el libro que llevo escrito en el alma.

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