Vivir y dar pasos sin dejar huellas,
vivir de un olvido que tal vez en ti ya no quepa;
en mi cabeza recobeco de ideas, siento que mi
guitarra es un bandoneón…
Las noches en la estación, me han dado a entender que
el hombre es parte del paisaje, la llave de la vida y
una falla en el herraje…
Mientras bordeo en un recuerdo, me da miedo
lo que un tango me pueda enseñar a futuro;
tal vez taciturno sea el corazón, pero
desprevenidamente nace un suspiro…
perdido y undívago en la intempesta
de una vieja piel.