De tanto amar,
mi corazón quedó varado
en las playas de su alma,
expuesto a la inclemencias de su cuerpo.
Los huracanes de rabia
precedieron a las tormentas de deseo y mi corazón,
exhausto,
luchando
por liberarse y
volver a las plácidas aguas
de los mares de sus lágrimas.
Hasta que su sequía de desprecio
agotó mi último palpitar.
Sin sangre que bombear,
ni sístole ni diástole supieron qué hacer
para hacerme despertar.
Y así,
mi corazón enraizó
a los pies de su costa.
Su sistema nervioso entró en pánico: tsunamis
y ríos de falsa calma
se desbordaban
aumentando el nivel de sus mares.
Toque de queda y apertura de los diques.
Pero ya era demasiado tarde:
nacía la primera de las islas
de su archipiélago del desamor.
Don los riesgos de un Alma que busca desmigajar pétalos sensibles donde otros ven rocas.
Unos ven en su mano, granito, otros, carbón, e incluso una rosa negra.
Usted no ve, usted aspira la esencia brotando
La poesía no es matemática.
Y usted es: simplemente trazos de magia
Los primeros desamores son así, amigo. Desde siempre, utilizo mucho el símil del océano con el alma de la persona, y la cantidad de islas que llevamos dentro… Intenté dar sentido a esas islas, nada más.
Muchísimas gracias por tu visita y comentario, @Saltamontes .