Apenas superado el verano
de huesos rotos y galimatías mentales
a medio parpadeo se ha instalado Otoño
con su voz templada y piel de plata
allanado el camino
a las finas oraciones y festejos
que conmemoran con recuerdos
a los que ya no están,
al igual que a todas las hojas
no nacidas de una matriz perenne.
Discurro bajo el agua
para saldar cuentas con las estaciones
que cambiaron de acera, caminos, carreteras y lodazales
cada vez que asomé la cabeza por la orilla
del mundo al que una vez pertenecí.
Es Otoño,
tengo licencia para alinear astros
y reparar relojes astillados,
la adquirí en un bar firmando
con la sangre de mis pómulos abiertos,
estrechándole la mano al tiempo
declarándome hijo de esta estación
hasta el fin de los tiempos.
Tus palabras hacen del otoño un pacto vital, mezcla de derrota y esperanza.
Es Otoño,
tengo licencia para alinear astros
y reparar relojes astillados,
la adquirí en un bar firmando
con la sangre de mis pómulos abiertos,
estrechándole la mano al tiempo
declarándome hijo de esta estación
hasta el fin de los tiempos.