Herencia

Decís tanto y a la vez nada.
¡Qué talento el tuyo!

Y yo escucho más
de lo que hablo.
Qué maldición la mía…

Sin querer me creaste
y me hiciste tu estorbo.

Todo tenía que saberlo,
todo tenía que enseñarte
aunque ese fuera tu deber.

Me atribuís siempre
todos tus fracasos
mientras te quedás
con tus logros mediocres.

Y a mí me toca heredar
cada uno de
tus errores, padre.

Lo cual me hace
un error en sí mismo.

Y encima también
tengo que ser quien te salve
de tus crueles fantasmas.

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