Fuimos aquellos dioses inmortales,
sus conjuros,
el fino hilo que acabó roto,
fuimos el rojo vino que manchó la historia,
la caída de Troya,
dos tontos unidos por el amor odio.
Fuimos la herida abierta antes de empezar,
la sal en la pústula,
el dedo en la llaga,
la barca apunto de naufragar.
Fuimos dos extraños intimando en la oscuridad,
fingiendo quererse,
echándose de más,
olvidando hasta sus nombres.
Fuimos y eso es todo lo que sé de nosotros.