Transita el justo el camino
de la conciencia y la fe,
a sus ojos todo se ve
como un mandato divino.
Tal vez parezca cetrino,
hallar en la calma el honor,
siendo del abuso delator
sin más reglas ni barreras,
que legalizar quimeras
y aluzar en derredor.
El codicioso ambiciona
dictar ley y rumbo a su grey,
tomando al pueblo por güey
y cual poltrón se apoltrona.
Pero el comercio razona
con la balanza del oro,
poniendo empeño en el foro,
pesa en cifras su destino,
en su afán todo es malsino,
tras el lucro va sin decoro.