Las mariposas que revoloteaban en el vientre
se hicieron humo como la verdad.
Lo nuestro duró para siempre:
ni un día más, ni un día menos de la eternidad.
A los baches de la memoria
los rellena la imaginación.
Los recuerdos son mitos
que deforman las habladurías del tiempo.
Tejida por ficciones está la realidad,
en la telaraña del insomnio,
quedaron atrapados los fantasmas
más impacientes.
Somos estrellas titilando
en el fango,
buscando la inmortalidad
en un beso y no en el cielo.

