(La madre de lo eterno y cotidiano. Dos sonetos.)
…
En tu seno sagrado nos concibes
gestora del amor, noble baluarte
que en silencio el alma nos describes
y haces del sacrificio un sensible arte.
Eres soporte, paz en los desvelos,
la mano que endereza nuestro rumbo ;
tus ojos la calma de los cielos
cuando al dolor inocente sucumbo.
Llega mayo triunfal con sus colores,
gratitud en las flores se desborda
por la madre que vence los temores.
Lo invisible se vuelve luz suprema
y la rutina que el afecto borda,
tu nombre es el más dulce y fiel poema.
…
Del taller al volante, sin descanso,
equilibras el mundo en tu jornada;
eres el alto vuelo, el cauce manso
y la voz que dirige la alborada.
Funcionaría, gestora, combatiente,
conduces el destino de naciones
llevando el corazón siempre presente
en el fiel acierto de tus razones.
Hoy la rutina en diosa te transforma,
lo cotidiano extiende su circuito
bajo una nueva y celestial reforma.
Besos y loas, gratitud sincera,
para ti, ¡madre de amor infinito!
¡Eres de nuestra patria la bandera!
