Quisiera escribirlo todo, escribirlo crudo y sin vacilaciones, escribirlo desnudo y sin ornamentos fatuos, como es la vida, como es el destino que siempre nos encuentra indefensos a todos.
Quisiera transferir el frágil poder de mi memoria a la temblorosa superficie de una hoja, a una melodía triste o a una canción imposible; plasmar mi alegría insoportable y mi tormento inspirador, mi soledad siempre acompañada de recuerdos y cada respuesta incómoda por la que nunca pregunté.
Quisiera vaciar montañas de momentos, momentos
buenos y malos, momentos que he sorbido sin descanso y que, a veces pienso, dejaré pronto de beber.
¡Cuánto quisiera poder leerte otra vez!.. encontrar el párrafo exacto donde apareces como una revelación que cruzó mi destino y lo dividió para siempre, con tan solo una mirada y un par de palabras que nunca más oí de un corazón… encontrar el momento exacto donde por fin me encontró el amor, tan solo para verlo pasar y dejarlo ir. A nadie le falta en la vida un antes y un después, todos tenemos una duda clavada y un insoportable “si hubiera.”
Quisiera poder escribirlo todo, tan solo para complacerme en la aventura de mi vida, tan única y tan común; tan simple y tan compleja, como lo son todas las vidas, como lo son todas las posibilidades que decidimos no explorar.
Quisiera tener escrita mi vida, verla con asombro desde arriba, con su mar violentado vuelto un cristal azulado y tranquilo.
Quisiera leer el cielo que me guareció con su manto en un día ensombrecido de lluvia, leer la paz de una orilla que me bendijo con su sol de verano…
Quisiera leer el sabor enérgico de mi juventud, disfrutar de sus errores, embriagarme de sus viejas canciones y sus oníricos amores; quisiera leer la dulzura amarga de mi infancia, y las cicatrices profundas de mi presente confuso y salvaje.
Quisiera leer mil veces tu aroma, las caricias que dejaste, el vértigo que me hundió en esa pupila que me añoraba o en una promesa contrahecha y rota.
Quisiera tener, al alcance de mis ojos, la cosecha de mis sueños, ser lo que anhelaba, palpar al muchacho que merodeaba en tu música, que profanaba tu sonrisa casi como un misterio lejano.
Quisiera escribirlo todo, y así sostener la mano extraña, el cabello largo, vivir la noche futura, hecha de fantasías que no fueron, cuando aún creía en el amor correspondido como un derecho irrenunciable, como algo natural e irrestricto al ser humano… quisiera leer al viento mientras corríamos riendo a un ocaso imaginario.
Quisiera ser aquel poder que haga de una buena vez volar el dolor que anida adentro, ser el poder que rescate de la muerte las pequeñas cosas que por derecho nunca mueren…
Quisiera tenerte escondida del olvido, levantar tu templo en el cimiento irreverente de mis lineas, sobre este montón silencioso de palabras, levantar un lugar sagrado donde arda mi espíritu y oficie en paz tu ausencia irremediable… mi lejana musa coronada de rosas.
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Agosto, no importa el año. Invierno en las pequeñas celdas donde escribo. Cada quien tiene su propia
Erato, cada quien la busca en su templo vacío.