Enfrentar a los fantasmas

Antes todo era día,
sonrisas, bailes y abrazos.
Luego fue noche,
sombras, miedo, frío.
Antes vivía
pensando en la caricia por venir,
prendida a los besos inagotables.
Luego vino la calma insaciable,
las lágrimas,
las líneas agrietando pieles abúlicas,
a veces desfallecidas.
El caos supurando en las manos, también heridas,
por el reclamo histérico de un final.
Y alguien oyó;
nada etéreo o supernatural.
Fue su conciencia,
que vio el antes y el luego;
y al mundo del ahora perdido en el después.
Y entendió que había cosas por salvar.
Que había sentimientos que debía rescatar.
Que el mundo no se había acabado en el distópico sosiego,
Que si ella había despertado,
si había enfrentado a los fantasmas del jamás,
que se comían los últimos restos de vida,
los otros también lo harían.

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