Nuestros cuerpos se unen
como etéreas filigranas
en el espacio atildado
del instante vibrante
de un momento eterno,
como las notas de una flauta
que se abrazan sin fin
en el abrazo del mimo
en el suspiro del desahogo
de un soplo continuo.
Nuestros labios se encuentran,
en ese tiempo sin tiempo
de un beso eterno
que nace en el sentir del alma
y que tímido se acurruca en el corazón
entre dos murmullos que confunden
los suspiros de deseo
y los jadeos de pasión,
para unirse en lo inminente
en ese tiempo sin tiempo,
formando un solo tiempo
en el recuerdo perenne
de lo que nunca será
olvido, olvido.
Pippo Bunorrotri 12/04/26