En verano, si el tiempo lo permite, me encanta sentarme bajo la sombra de un árbol, y respirar el frescor del aire que me rodea. Cierro los ojos, y quiero escuchar los sonidos de la Naturaleza. Entonces me doy cuenta que en mi no hay soledad, y que estoy acompañado de pequeños pajaritos que con sus trinos de amor enamoran a sus hembras. También aprecio el murmullo de un río que cerca de mí está, y que acabará su camino cuando se bese con la mar… Sí, todo son sonidos bellos. Lentamente abro mis ojos, y el colorido de la Naturaleza me ofrece la mejor de las pinturas, y no hay pintor que supere el arte de lo que veo. En todo está la mano del Ser, en el cielo, en la tierra, en la arena, en el mar, y en el verdor de tus ojos que jamás podré olvidar.
1 me gusta