En un vaso lleno de colonia,
dejaba él todas las tardes sus penas.
El sonido del saxo
salía de una calle donde no vivía nadie.
Las sábanas le traían recuerdos
que nunca existieron.
En la penúmbra,
su cabeza se iba a otras vidas.
Al anochecer salía de la cueva
y sumergía el viejo reloj
en el vaso de colonia que
tenía junto a la almohada.
Entonces,
el canario dejaba de cantar.


