En mis pensamientos

En mis pensamientos tus cabellos húmedos rozaban mi pecho; tus caderas encajaban con una precisión casi divina sobre mi pelvis. Mis manos abrazaban tus tobillos mientras las tuyas se hundían en mis hombros, como agujas que buscaban perpetuar el instante.

Mi cuerpo entero se entregaba a la ansiedad de tu piel, fundiéndose con cada poro que te habitaba. Mis manos, incendiadas por el deseo, recorrían con devoción cada curva de tu anatomía, dibujando sobre ella un mapa de caricias que solo nosotros podíamos descifrar.

Las aguas del reloj aceleraban su cauce mientras mi anhelo encontraba refugio en ti. Tu cintura marcaba el compás de un vaivén interminable; tus movimientos, suaves y profundos, desataban una danza silenciosa donde nuestros cuerpos se reconocían y nuestras almas parecían recordar un destino escrito mucho antes de nuestro primer encuentro.

Los apetitos que habían permanecido cautivos durante siglos rompieron, por fin, las cadenas del martirio. Ardían con la intensidad de un incendio antiguo, deslizándose por cada rincón de tu cuerpo hasta perderse en el perfume de tu vientre, donde el invierno florecía con inesperada dulzura.

La quietud y la tormenta convivían en un mismo latido, adheridas al núcleo luminoso de tu existencia, como si esperaran desde siempre el instante preciso para liberarse de todas las penas que el tiempo había impuesto.

Sumergido en el epicentro de tu universo, recorría con reverencia los misterios que custodiaba tu profundidad. Cada descubrimiento era una revelación; cada silencio, una promesa.

¡Qué paradisíaco podía ser tu cuerpo! Tus alas recogidas entre las mías extendidas; las mías encontrando su sentido al cobijar las tuyas.

Entonces la tormenta golpeó mi ventana y derribó la copa de vino, desbordando sobre la mesa un laberinto de recuerdos. Comprendí que incluso los sueños más intensos deben despertar alguna vez.

Y, sin embargo, continúas navegando en mis pensamientos y en mis sentimientos, dama de mis sueños iracundos.

Intentaré que algún día encuentres puerto en ellos.

José Lara Fuentes

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Yo quisiera tener estos sueños. Un abrazo.