En la nariz del tiempo
saltan las ciruelas alborotadas,
hoy la madrugada me estampó
besos de desvelos de trágica mañana;
el reloj sigue corriendo
en una pista ancha anaranjada.
El antiamor
pasea por el mundo
con vestidos nauseabundos,
¡No me vengan con cuentos, me las sé todas!
Pañuelo blanco y noche negra,
juegan una partida de
ajedrez
ajemes
ajenoes
ajepies
ajedespués
La claraboya advierte:
¡Hoy no habrá buen clima!
El bisonte sigue jugando ajedrez
en la punta de sus pies.
El mundo sigue girando en su brújula rosada,
una y otra vez,
¡Necesito un préstamo, urgente!
La mueca insomne se ríe,
sin cabeza, pero se ríe,
por la espalda de la avenida Japón.
¿Y qué pensabas,
te vas y luego regresabas sin más?
Los platos a lo eterno caminan,
en el fregadero,
aplauden al inerte hollín,
pero reflexionan detenidamente
en su yo existencial y en su funesto fin.
¡Ah, la vida es una partida de ajedrez!
Un ajedrez redondo
con cara de payaso;
un chiste mal contado,
una tinaja con renacuajos.
El tiempo venció,
y la nariz asustada
se arrugó y se desmayó.
Nota: En este poema hay términos inventados, propio de este tipo de poesía surrealista.