Ella

Su presencia
era un roce invisible,
un abrazo de luz
que ardía sin quemar.

En el aire dejaba
un sabor
a promesa y
a despedida.

Sus labios,
parecían querer
decir mi nombre

Y en su piel,
se dibujaba
la certeza

de que el amor
también sabe
vestirse de deseo.

Antonio S. Sola

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