Mi corazón arde y muere
en su propia sed,
no persigo
las canciones de amor
sino las de tristeza.
Persigo lo desigual y combativo
lo que transcurre
acaso inevitable.
Ella es desigual
como mi credo,
como una ola
conquistando el aire,
entre mis dedos
baila su sombra
aunque esté tan ausente.
Entre mis quebradizos astros
vino a quedarse.
En la cuerda última
de mi extinta arpa
vinieron sus sonidos
a conjugarse.
Sus penas, sus angustias,
su ser final.
Todo lo suyo,
como ráfaga o luz
como tormento o gloria;
escapa y vuelve
llama y calla.
Yo no persigo canciones
sino estáticos momentos.
Ella vuela, respira, despierta.
Yo la busco, espero, sobrevivo