Elipsis de sal

Después del silencio,
al completar la elipsis,
comienza el regreso.

Orión navega a la altitud del eclipse.
Desde el lado oscuro
contempla las coronas solares
estallar en la tiniebla.

El universo se devora a sí mismo:
fuegos que mueren para encender otros,
restos de una tormenta
diluyéndose en el tiempo.

Es de noche.
Por primera vez
el sol no desaparece,
pero persiste la oscuridad:
la luz y la sombra
son la misma piel.

Todo es antiguo al volver.
Remoto.

Una tirolesa sin cable.
Cuatro seres suspendidos,
cayendo en línea recta
hacia un costado del punto azul.

Buscan el mar:
esa llanura líquida
donde todo empieza.

Allí, en el abismo,
la no-vida gesta el primer latido.
Allí la muerte
es el útero del mañana.

Se hunden en la espuma
donde el cosmos y el océano
se confunden.

Estatuas de sal
que al fin se desmoronan:
polvo de estrellas
regresando a casa
para volver a nacer.

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Tu poema evoca muchas imágenes casi mitológicas, como una cosmogonía.

Me da la impresión que es poesía inspirada en un anochecer, o a lo mejor un amanecer. Pero me gusta mucho toda la convulsión cósmica que expresas en tus versos.

También me encanta la referencia al hecho científico de la formación de estrellas a partir de restos de estrellas muertas. Si no se sabe ese dato, la poesía se disfruta igual por su belleza propia. Y en mi opinión, ese es el resultado exacto cuando se usa un hecho científico de manera exitosa en la lírica.

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