Elegía de los hombres olvidados

En estos tiempos…
No les preguntan: ¿cómo resististe?
Les preguntan: ¿cuánto tienes?
No miran el corazón,
ni las noches que devoraron sus vidas,
ni los sueños que enterraron con sus propias manos
para que otros pudieran vivir.
Sonríen al dueño del coche brillante,
como si el metal se hubiera convertido en virtud,
y aplauden al dueño del dinero,
como si los números se hubieran convertido en moral.
Pero ese hombre…
que regresó exhausto
después de una guerra librada en soledad,
después de mil decepciones,
después de mil puertas cerradas en su rostro,
nadie lo ve.
Camina entre ellos
como una sombra sin rasgos,
como si nunca hubiera cargado una montaña sobre sus hombros
y luego fingido que todo estaba bien.
Y la mujer…
no busca más que a quien refleje su propia imagen,
otro espejo
que reproduzca sus sueños y deseos.
Pero el alma que sangra detrás del silencio,
el hombre que arde para dar calor a los demás,
esa historia no interesa a nadie.
El amor se ha convertido en una balanza tuerta,
que ve los bolsillos
y no las heridas.
Y el ser humano se ha convertido en mercancía,
medido por lo que posee,
no por lo que es.
Cuántos hombres han muerto de dolor
sin que se escribiera una sola palabra en su despedida.
Cuántos hombres
se tragaron sus lágrimas
hasta que la gente creyó que eran de piedra.
Cuántos hombres
gritaban por dentro:
“Ayúdenme…”
mientras el mundo los admiraba
porque no se derrumbaban.
Qué época esta…
Una época que honra las máscaras
y castiga los rostros auténticos.
Una época que eleva a quien posee
y quebranta a quien soporta.
Una época que, al ver a un hombre sufrir,
le dice: sé fuerte.
Y cuando lo ve caer,
le pregunta: ¿por qué caíste?
Pero nadie le pregunta:
¿Cuántas guerras libraste antes de caer?
Llegará un día…
en que los coches se oxiden,
las fortunas se desvanezcan,
y las máscaras caigan de los rostros.
Y quedará una sola pregunta
persiguiendo a todo este mundo:
¿Cuántas almas mataron
mientras se inclinaban ante el dinero
y apartaban la mirada
de los hombres que merecían ser abrazados,
y no abandonados
a morir de dolor?.

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