Un prisma imaginario en el espacio multiplica un rayo de luz. Entonces comprendemos que el arcoíris es ficción: no brilla con luz propia.
Quizá la Literatura tampoco.
Un prisma literario multiplica palabras, imágenes y sentimientos que antes no existían o que dormían escondidos en alguna región del pensamiento.
La brisa podría ser el pasaje hacia la locura o hacia la sensibilidad natural. Por eso los escritores respiran ciertas noches como si fueran revelaciones y hacen votos secretos para que ese estado no termine nunca.
Entonces aparecen las imágenes.
Una flor roja que exalta las virtudes de la rosa sin ser todavía una rosa.
La noche frente al mar. Una luna blanca y excesiva. Una muñeca de tusa tomada de la mano y mirando las olas como si hubiese olvidado su nombre.
El pelo suelto de ella cayendo como cascada sobre el pecho y el rostro mientras los pétalos los acunan.
Quizá el color rojo nació así.
Quizá también el olor de la rosa.
Y quizá la Literatura no sea otra cosa que el instante en que la realidad atraviesa un prisma y comienza a arder dentro de alguien.
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Es muchas cosas a la vez, el prisma en si, desde la óptica y desde la geomatria, es un in objeto físico. En la literatura (en la narrativa sobre todo) asciende el prisma a categoria metafísica por el carácter exploratorio. Aplaudo al prisma, con entusiasmo.
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Gracias. Me gusta pensar que el prisma no transforma la luz: revela posibilidades que ya estaban allí. Un abrazo.
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Efectivamente, todo es descubrimiento. Saludos.
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Logras transmitir la magia de cómo las palabras, a menudo simples y dormidas en nuestra mente, despiertan al contacto con el mundo.
¡Me ha encantado! ![]()
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Gracias. Quizá escribir sea justamente eso: despertar palabras que estaban esperando al mundo. Un abrazo.