El poema muy largo: La Arcadia no feliz

[…]
Por la Virgen del Carmen,
dieciséis de Julio,
en el pueblo,
nuestra prima nos invitaba a merendar,
a nosotros -familia lejana-,
y a sus otros tíos, y la otra prima,
los de la parte del difunto padre,
que aún vivían en el pueblo,
a cenar:
una tarta de galletas bañadas en chocolate,
nada de otro mundo,
salvo para mí, que siempre fui goloso,
y en la ocasión, con ocho o nueve años,
no recuerdo, leyeron el esbozo de mi autobiografía,
que yo había escrito aquella u otra tarde:
lamentable lamentoso discurso
en la estela del falso melodrama dickensiano vulgarizado.
Yo mismo lo proporcioné,
no sé a quién,
y vergonzoso,
abandoné la sala -pequeña-,
y salí a la calle,
aun con la claridad de la amplia tarde de verano.
Yo sabía que aquello no estaba bien hilado,
que era desmesurado en la desgracia descrita,
pero recuerdo la tesis:
el sentimiento de soledad y abandono,
entre mis hermanos mayores,
que yo consideraba unidos por edad y aficiones,
y mi mucho menor hermano,
que ineludiblemente recibía la atención precisa.
No creo haber sentido celos.
Yo vergonzoso, oía las carcajadas,
la risa histérica,
propiamente no creo haber sentido la humillación.
Luego, acabado el relato, volví dentro,
y hasta me felicitaron,
sin malicia, sin falsa condescendencia,
como se puede agradecer a un niño,
un buen momento.
Sin embargo,
Jesús, mi hermano mayor,
debió ver algo doloroso en aquello,
y de alguna manera se compadeció:
no prepotente y orgulloso,
con la justa solidaridad de quien ha conocido el sentimiento…
mi hermano mayor,
el mismo de tanto resentimiento,
y de tanto celo y recelo…
Oí de un decir fenicio:
“se odian como hermanos”
-y más que cínico o sarcástico,
el refrán me pareció que contenía
toda la tragedia y el pesar de la historia:
de Abel a Caín, hasta Cartago.
(yo soy, tal vez eso sea todo).
No fue el pueblo paraíso perdido,
arcadia feliz,
decorado luminoso de la aventura de mi infancia:
calor, y aburrimiento, y tarde lánguida,
queda ya dicho.
Luego, al comenzar septiembre,
volvía a la ciudad,
[…]

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